Sobre techos, delincuencia y tribunas.

24/May/2013

Dr. Eli Aljanati, para CCIU

Sobre techos, delincuencia y tribunas.

Confieso que no me había percatado del tema, hasta que escuché a un periodista en la radio, hablando sobre discriminación y criticando la actitud de quien descalifica a quien “hace algo” por el prójimo.
Después seguí escuchando la radio y noté que no era el único periodista que se refería al tema.
Me pregunté: ¿no hay nada que pueda decir yo, como habitante de este país, como actual habitante de Carrasco y ex cheto de Pocitos?
Acá en el Comité, muchas veces discutimos sobre publicar tal o cual articulo, referido a todo tipo de discriminación.
Como judíos, se nos discrimina de muchas maneras, algunas explicitas y otras mas difusas. No somos las únicas victimas y tampoco nos creemos “el ombligo del mundo” sin embargo sentimos “la presión” que a veces el mundo nos impone, de una manera desigual en relación a otros..
Cuando revisamos material de cualquier parte del mundo, nos da pena que el hombre sea capaz de llegar a las bajezas mas grandes.
Pero hay conductas que no son noticias, pero son los antecedentes de esas noticias. Nadie sale a insultar, sin antes haberse envenenado contra alguien.
Nadie sale a repudiar a otro, ni a matar a otro, sin antes haber “aprendido” (o haber sido “adoctrinado”) a hacerlo.
Lo mismo pasa acá. Las hechos mas repudiables no ocurren de casualidad ni porque alguien se levantó mal ese día.
En Uruguay también pasan “algunas cosas”. No crea usted que estamos inmunes a todo. Acá también hay discriminación, contra nosotros sí, pero también contra los pobres o contra los afrodescendientes (negros), contra los homosexuales.
Ahora debo agregar la discriminación contra los chetos, específicamente los de Pocitos y mas en especial los que tienen ganas de hacer algo por el prójimo.
También escuché a personas refiriéndose a señoras gordas como “marcadoras de casas para robar” o a cánticos tribuneros alusivos a la condición sexual de tal o cual afrodescendiente (léase raza negra).
Cuando el efecto de un discurso (o gritos de hinchas), es la división de la gente, lo que se infunde es miedo de una parte contra la otra.
Y cuando hay miedo lo que viene después es discriminación y luego violencia.
Por suerte, hay gente razonable que hará lo posible por hacer volver las aguas a su cauce y que hará reflexionar a quienes aplaudían los discursos incendiarios contra las gordas “marcadoras”, los techos solidarios o los jugadores de fútbol no caucásicos.
Es la bronca de un carrasquense, ex cheto de Pocitos y ex insultador de tribuna.
Listo.